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Ediciones Diotima 23/09/2026 · 03:32
Imagen del tema ¿Una línea de causas y efectos? ¿O un punto de condensación? El personaje.

¿Una línea de causas y efectos? ¿O un punto de condensación? El personaje.

A raíz de la devolución de una lectura, estuve rumiando ciertas cuestiones que quiero plantearles a ustedes, los que escriben y leen. Porque, muchas veces, al elaborar una trama y diseñar un personaje, podemos pensar ese núcleo de propiedades, actos y potencialidades como un punto o una línea.

La mirada que levanta esa realidad de la ficción y la despliega en una línea (me refiero al momento de la interpretación y no al de la escritura), lo que hace –en realidad– es ver a lo largo de los puntos que la componen una sucesión de causas y consecuencias. Yo diría que es una interpretación psicológica, diacrónica del comportamiento de un personaje. Esa mirada encuentra razones, motivos y conductas apoyadas en hechos fundantes del pasado para los actos del presente.

Mi punto de vista es diferente. Para mi el personaje, aunque tiene una historia, es apenas un punto de condensación extrema –una singularidad, un agujero negro–. Cada acto llega desde la pura indeterminación y –además– del capricho (del narrador). Las acciones no están determinadas por causas (habría que discutir, por otra parte, si algo sucede primero es una causa per se de lo que sigue), sino que el personaje es todo él una masa aglutinante de todas las notas que le ha dado el narrador. Un acto de la ficción no es la consecuencia de algo anterior, sino la expresión completa de lo que ese personaje es. Las causas son irrelevantes. Esta, podría decirse, es una forma sincrónica de enfocar el desarrollo de una criatura de la ficción.

Un niño huérfano y abusado ¿es violento a causa de aquello que le pasó? Mirada diacrónica. Mi punto de vista: este niño huérfano es una singularidad de violencia pura. Punto. Las causas pierden privilegio explicativo. Cuando alguien abusa de él no funda una causa –apenas si transmite un lenguaje–. Mirada, si ustedes quieren, a-histórica o, para ser más precisos, desprendida de todo determinismo.

Y esto es así porque hablamos de ficción, donde los hechos de la vida de un personajes no están ahí de modo inocente, sino que han sido plantados por el narrador a propósito. ¿Quiere, el narrador, que veamos esa vida como una línea consecutiva de causas? Esos hechos: ¿son explicaciones de comportamientos futuros? Ah. Es que hay una manera diacrónica y otra sincrónica de escribir.

Si bien los personajes tienen historia, en esta modalidad sincrónica esa historia no funciona como explicación. Es un disparador de accidentes, un aglutinante de notas que el narrador decide para el personaje desde la arbitrariedad del gusto y, también, del azar: son invenciones, no explicaciones. Es decir, para que haya trama, peripecia, los personajes son puestos a prueba de manera incesante, enfermiza incluso: se los somete a problemas, se tensan todos sus bordes. No estamos pensando en darles una vida de episodios consecutivos que se justifican unos a otros, sino más bien en ponerles trampas, en hacerles zancadillas. Cuando por fin el personaje actúa, ese acto es el de alguien que vive en la desesperación: todo él es ese momento, esa condensación.

El narrador, amigos queridos, es un villano. El primero. Y el peor.
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