Aún respiro entre verticilos de silencio. Toco el vacío. Aquí y allá, me persiguen madejas de voces. Como si fuera un tallo sin hojas, lloro la ausencia. Estoy segura, hemos caído en racimo. Tan pronto como el viento nos arrastrara a este abismo sin nombres, nos desintegramos de a poco. Ahora somos polvo sobre el polvo.
A pesar de todo, me arrastro entre palabras de hueso y vuelvo a existir. Reconozco los sonidos que ya no me pronuncian. No responden mis pies.
¿Soy de aire?
¿De tierra?
Nuestros ojos quedaron ciegos de recuerdos.
¿A dónde iremos cuando brote las primeras flores?
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