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Como quién no quiere la cosa, los cuentos de Paula Arriola despliegan historias tan crueles como maravillosas, tan tiernas como impactantes. Nada que salga de lo corriente -un casamiento, una mascota malcriada, un luto, un enamoramiento-, pero
¿acaso no hay en lo corriente un mundo singular, un mundo dulce y retorcido? Paula Arriola se lanza a narrar y expone con sensibilidad, y también sin tapujos, la endeblez del mundo nuestro, su inestabilidad y fortaleza. Cuando conocimos el mar es por eso un libro delicado y bello, una dulce bienvenida a la narración.
Mariano Quirós |
| Así escribe: "Don Alfredo aminora la marcha de su caballo. Vuelve acompañado de sus tres perros. Está a unos metros de la casa. Le pidió a José que se adelantara para que cortase algo de leña. En realidad, quiere pensar un poco más. No sabe cómo decirles a sus hijos de su último diagnóstico médico. Ninguno sospecha de los viajes que hace a la ciudad desde hace unos meses. Al principio, no se preocupó, pero toser con sangre ahora le ocurre más seguido. Cuando murió su esposa, no quiso saber nada de enfermedades ni de internaciones, sobre todo por ellos, que ya habían tenido demasiado con su madre. Se lo contará después, en la sobremesa. No es que nunca lo haya intentado; trató de hacerlo con Carlos las veces que vino a verlo." / PAULA ARRIOLA nació en Concordia, Entre Ríos, en 1983. Desde el 2010 se desempeña como profesora en Lengua y Lite-ratura. Actualmente trabaja en dos escuelas secundarias de su ciudad.
Ha realizado talleres literarios con autores locales y desde el 2020 cursa el taller literario del escritor Mariano Quirós. "Cuando conocimos el mar" es su primer libro
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Darle al pico, listo el pollo, la piel de judas, metele pata, como bola sin manija. Las voces de Alberto Fernández San Juan tienen un efecto que gatilla dentro nuestro, en lo profundo. Su narrativa transmite contenido, -subjetivo, social, existencial- pero también establece contacto con el lector por la cadencia interna de su prosa, por esa manera reconocida en que hablan sus personajes, que es única y a la vez universal. Sus maneras pintan en nuestra mente una familia, un barrio, maneras de vivir y de ver el mundo; irradian sentido y nos transportan a un zaguán o a un porche, a una plaza o a una iglesia, una oficina, un tren o un tranvía. Los lugares en estas historias son cercanos: familias en sus casas, en ese barrio o pueblo chico. Pero como toda buena literatura, lo que sucede dentro aparece vagamente ladeado e incorrecto. El drama de la vida, tratado con impertinencia y desfachatez, hace que estos cuentos nos interpelen. Alberto Fernández San Juan subvierte lo cotidiano volviéndolo inquietante y extraordinario. Entonces una madre abandona a sus hijos; las viejas son decrépitas y los chicos impertinentes. Claro que esa hilaridad sardónica -con aires de Copi, Manuel Puig, Aurora Venturini- encubre una visión seria de las cosas, donde lo más humillante y espantoso está, pero sin que nos demos cuenta. Como ese trago amargo y vivificante al mismo tiempo, estos cuentos, reconfortan y nos vuelve más empáticos con la tragedia del mundo. Laura Galarza |
| Así escribe: "Desde las mesas vecinas, parecen turnarse algunas de mis viejas compañeras de
curso para venir a saludarme. Vienen cargando algún bebé, o con chicos a la rastra. Me dicen dos pavadas y se vuelven a su mesa enseguida. Las tres marías ya tienen organizada
su mesa como un clan familiar autónomo. Cuando me estoy convenciendo de que armaron
esta mesa para mí sola, veo que se aproximan Coca y Graciela, vestidas casi iguales, sobrias, sin colores estridentes, apenas maquilladas. Parecen contentas de verme. No bien
se sientan, empiezan a hacerme preguntas que me descolocan: si me casé, si me separé, si tengo novio, si tengo hijos, si me gusta alguien de la fiesta. El interrogatorio de “Revista Hola” se interrumpe cuando, siempre torpe, se abalanza sobre la mesa Guillito, el traga del curso. Habla hasta por los codos; no se le entiende nada. Las chicas aprovechan para hacerle el cuestionario amoroso. Quedan dos sillas vacías. Cuando el animador da la orden de sentarse, estas se ocupan. Una de las recién llegadas es Marcela. A la otra no la
reconozco enseguida. Cuando me saluda con apatía, me doy cuenta de que es la que llegó en quinto año. Marcela está tal como la recuerdo: enérgica, suave, lejana. Me saluda como
si apenas me conociera. Pensar que éramos inseparables las tres, hasta que Silvana y yo
nos fuimos a estudiar... " / ALBERTO FERNÁNDEZ SAN JUAN es escritor, actor, dramaturgo y director teatral. Obtuvo la Beca Familia Podestá en 1996. Como narrador, se formó con Sandra Russo, Guillermo Saccomanno y Hebe Uhart. Publicó "Mal llevados" (Paradiso, relatos, 2019) y "Más vale una oración que una lágrima" (Paradiso, novela, 2022). Como dramaturgo es autor de "Lunamante", "Garras de seda" y "Buenas y Santas". Participó de las antologías "Letras desde el encierro" de PEN Internacional Puerto Rico y "Así vivimos", de PEN
autores latinoamericanos. | |
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