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En esta novela, Facundo Tisera nos muestra como, a veces, buscar una cosa y encontrar otra es un milagro. Es el caso de Manuel, que busca un amor y encuentra su escritura. Una novela hermosa El laberinto del poeta. GABRIELA CABEZÓN CÁMARA / Así escribe: "El pimiento colorado, rodeado de aceitunas, se imponía peligroso y desafiante. Su padre insistía en sacar una por una las tiras rojas fundidas en el queso aceitoso. Siendo un niño, asistía a ese ritual de extirpación sin poder entender cómo algo tan peligroso para el ser humano podía ser comercializado y consumido. Jamás lo había cuestionado. Una noche de verano, cuando tenía nueve años, sintió algo distinto. Nunca había puesto en duda la figura de su padre ni sus mandatos, ni había pensado en la posibilidad de que sus dichos pudie- sen ser refutables. Se permitió dudar. Alguien en el mundo habría comido alguna vez un morrón. Existía esa posibilidad. Creía incluso recordar que, en alguna ocasión, algún invi- tado lo había comido sin resguardo alguno, arriesgándose a innumerables males, y con un placer en los labios que no acompañaba los desaguisados que, seguramente, estarían desatándose dentro de su estómago. Esa noche, desobedeció a su padre a escondidas. Esperó paciente ..." / |
| Facundo Tisera nació en Quilmes en 1989. Es licenciado en Psicología, músico y escritor. Autor del libro de cuentos "Nadie sabe que estoy", editorial Tren instantaneo (2022). Vivio en París, donde coordinó talleres de lectura sobre literatura latinoamericana. Desde el 2018 escribe en la sección de cultura de "La Izquierda Diario". "El laberinto del poeta" es su primera novela publicada. | |
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Álamos, uno de los cuentos de este libro, un nene sube hasta la copa de un árbol y desde las alturas aprecia el mundo allá abajo. Lo aprecia, por supuesto, de la manera vertiginosa, deforme, con que se ve el mundo cuando lo observamos desde el punto de vista apropiado. Algo cambia para siempre en nuestra percepción, y nunca está claro qué tan conveniente resulta el cambio,
Los personajes y narradores que atraviesan los relatos de Los perros viven sumergidos en esa indeterminación, preguntándose qué tan virtuosos, qué tan miserables pueden llegar a ser. Acaso porque nadie sabe —nadie tiene por qué saber- dónde está el bien, dónde está el mal. Guiadas por la desidia, por excesos de cuidado; o por un egoísmo sonso, a media máquina; o bien por la plena cobardía, las voces de este libro alcanzan así un punto de incomodidad que no puede ser más que sublime.
Sebastián Grimberg narra como aquel niño, desde la copa de un árbol, azotado por el viento. Y desde allí registra —acaso con delectación, con el pulso de un loco— el vértigo y la deformidad que campean aquí abajo. Como quien arma una antología de narradores incómodos para historias incómodas; o como quien, simplemente, se lanza en busca del cuento perfecto.
Mariano Quirós Los diez relatos que constituyen Los perros narran la angustia de seres ordinarios ante el punto de giro que cambiará sus vidas. Atados a una normalidad mustia y gris, pero que en algún punto sienten tranquilizadora, alcanzarán a intuir el desplazamiento de lo cotidiano y, con él, la sombra esbozada de lo siniestro. Con un lenguaje llano y preciso que evoca a Raymond Carver, Sebastián Grimberg arma cada cuento como un mecanismo de relojería: todo se encuentra dónde debe estar para transmitir la inquietud de la inminencia y que el lector se deje llevar por la deriva de una literatura impecable. Horacio Convertini |
| Así escribe: Una luz circular, a media altura, se bambolea a varios metros
de nosotros, se acerca. No lo veo, pero sé que es el tipo de seguridad
con su linterna. Somos los únicos en el camping, vacacionamos lejos
de las fechas obvias para evitar las miradas de la gente, y ya anoche
lo vi hacer la ronda acompañado por un perro grande que parecía
cruza con lobo. Esta vez viene solo y dice: parece que se viene brava,
¿por qué no llevan la carpa al quincho? Al tipo la voz le salió agitada.
Tiene la linterna en la mano y, aunque no me apunta a la cara, apenas
logro distinguir su silueta. Levanto la cabeza. Del cielo no se llega a
ver nada, ni nubes ni estrellas. Se viene, repite. ¿Por qué no llevan
allá la carpa? Ahí van a estar seguros. Giro para buscar a Marisa. Está
al lado de las parrillas, de espaldas a nosotros, acomodando las cosas
que compramos en el almacén del pueblo. Después miro la carpa. La
lámpara portátil que dejamos adentro, encendida, transparenta un
poco y hace brillar la lona verde y violeta. No se percibe ningún
movimiento en su interior. Pienso en el trabajo que me llevó levantar
la carpa, fijar las varillas, clavar las estacas, acomodar la lona; pienso,
sobre todo, en que para desarmar la carpa habría que sacar todo lo
que está adentro, en que deberíamos sacarla a ella, con lo que nos
costó dormirla.
SEBASTIÁN GRIMBERG: Buenos Aires, 1977. Sus cuentos figuran en antologías, revistas literarias y diarios como Axxon, Crepúsculo, Ficcionario, Próxima, La Balandra y Página/12. En 2019 su libro de cuentos inédito Como un ancla obtuvo una primera mención en el Premio Fundación El Libro 2018/19. Ha publicado los libros de cuentos Cada siete segundos (Editorial Conejos, 2014), galardonado con el Segundo Premio Municipal de Literatura Ciudad de Buenos Aires, bienio 2014/2015; La mirada del asesino (Editorial CFI, 2015), Premio en Letras de la Bienal Federal 2013 del Consejo Federal de Inversiones; y las novelas La guerra de los secadores (Editorial DLG, 2021); El guardián de los cerdos (Editorial Indómita Luz, 2022), para cuya escritura obtuvo en 2017 una Beca Creación del Fondo Nacional de las Artes; y Vistamar X/ (Editorial Trapezoide, 2024). El libro Los Perros, recibió el Tercer Premio en categoría Cuento, del Fondo Nacional de las Artes en 2022. | |
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