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La postergación tiene algo de promesa y algo de maldición, y ambas cosas siempre se dan juntas, dice el narrador de uno de estos relatos y con ello, acaso, descifra un destino que se nos impone como un horizonte que aplasta.
Los cuentos de La trama oculta ponen en escena lo que habría de invariable en la historia argentina. Del barro fundacional de quienes conquistan y huyen -hasta la fuga ilusoria de un exilio imposible- está hecha la urdimbre de estas historias entretejidas de civilización y barbarie; categorías, al fin de cuentas, indistinguibles. |
| Así escribe:
“Un hombre debe buscar su destino”, dijo el General cuando
partimos. Y entonces todavía teníamos una meta. El horizonte
era todavía una esperanza para los casi dos mil hombres que
componíamos la partida. El moldeable barro del sur esperaba ser
horadado por la impronta de nuestros caballos; el cuello del indio,
extendido, aguardando el ansioso filo de nuestros cuchillos; la patria,
pronta a parir riquezas y gloria para nosotros y para los que vinieran
después de nosotros. Bien aprovisionados, nos hicimos al camino por allí donde los caminos aún estaban por hacerse. Aprovisionados en armas, en cabalgaduras, en alimentos. Pero también en aguardiente y mujeres. El desierto fue frío y solitario para anteriores expedicionarios. Y el General no solo se lleva a su mujer, una dama de posición en Buenos Aires, bella y distante como la Europa de su origen, sino también a un inglés de Boston que se le presentó como estratega y cronista, y se le hizo imprescindible al General, que no da una orden sin consultarlo. ESTEBAN SAYEGH nació en Buenos Aires, en 1961. En la década del '80 comenzó a publicar sus trabajos en diversos fanzines de Ciencia Ficción y de Literatura Fantástica y participó de la antología Latinoamérica Fantástica (Ultramar, 1985). Redactor publicitario, editor Web en la UBA, traductor de Homero, filólogo clásico, músico, realizador cinematográfico, arqueólogo, corresponsal de guerra, corredor de apuestas, miembro de una logia secreta (no podemos dar más detalles), explorador polar y fabulador descarado. | |
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Darle al pico, listo el pollo, la piel de judas, metele pata, como bola sin manija. Las voces de Alberto Fernández San Juan tienen un efecto que gatilla dentro nuestro, en lo profundo. Su narrativa transmite contenido, -subjetivo, social, existencial- pero también establece contacto con el lector por la cadencia interna de su prosa, por esa manera reconocida en que hablan sus personajes, que es única y a la vez universal. Sus maneras pintan en nuestra mente una familia, un barrio, maneras de vivir y de ver el mundo; irradian sentido y nos transportan a un zaguán o a un porche, a una plaza o a una iglesia, una oficina, un tren o un tranvía. Los lugares en estas historias son cercanos: familias en sus casas, en ese barrio o pueblo chico. Pero como toda buena literatura, lo que sucede dentro aparece vagamente ladeado e incorrecto. El drama de la vida, tratado con impertinencia y desfachatez, hace que estos cuentos nos interpelen. Alberto Fernández San Juan subvierte lo cotidiano volviéndolo inquietante y extraordinario. Entonces una madre abandona a sus hijos; las viejas son decrépitas y los chicos impertinentes. Claro que esa hilaridad sardónica -con aires de Copi, Manuel Puig, Aurora Venturini- encubre una visión seria de las cosas, donde lo más humillante y espantoso está, pero sin que nos demos cuenta. Como ese trago amargo y vivificante al mismo tiempo, estos cuentos, reconfortan y nos vuelve más empáticos con la tragedia del mundo. Laura Galarza |
| Así escribe: "Desde las mesas vecinas, parecen turnarse algunas de mis viejas compañeras de
curso para venir a saludarme. Vienen cargando algún bebé, o con chicos a la rastra. Me dicen dos pavadas y se vuelven a su mesa enseguida. Las tres marías ya tienen organizada
su mesa como un clan familiar autónomo. Cuando me estoy convenciendo de que armaron
esta mesa para mí sola, veo que se aproximan Coca y Graciela, vestidas casi iguales, sobrias, sin colores estridentes, apenas maquilladas. Parecen contentas de verme. No bien
se sientan, empiezan a hacerme preguntas que me descolocan: si me casé, si me separé, si tengo novio, si tengo hijos, si me gusta alguien de la fiesta. El interrogatorio de “Revista Hola” se interrumpe cuando, siempre torpe, se abalanza sobre la mesa Guillito, el traga del curso. Habla hasta por los codos; no se le entiende nada. Las chicas aprovechan para hacerle el cuestionario amoroso. Quedan dos sillas vacías. Cuando el animador da la orden de sentarse, estas se ocupan. Una de las recién llegadas es Marcela. A la otra no la
reconozco enseguida. Cuando me saluda con apatía, me doy cuenta de que es la que llegó en quinto año. Marcela está tal como la recuerdo: enérgica, suave, lejana. Me saluda como
si apenas me conociera. Pensar que éramos inseparables las tres, hasta que Silvana y yo
nos fuimos a estudiar... " / ALBERTO FERNÁNDEZ SAN JUAN es escritor, actor, dramaturgo y director teatral. Obtuvo la Beca Familia Podestá en 1996. Como narrador, se formó con Sandra Russo, Guillermo Saccomanno y Hebe Uhart. Publicó "Mal llevados" (Paradiso, relatos, 2019) y "Más vale una oración que una lágrima" (Paradiso, novela, 2022). Como dramaturgo es autor de "Lunamante", "Garras de seda" y "Buenas y Santas". Participó de las antologías "Letras desde el encierro" de PEN Internacional Puerto Rico y "Así vivimos", de PEN
autores latinoamericanos. | |
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