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Leer para resistir



$ 25000 / Novela
“El día de los drones” sigue a un periodista desmotivado que descubre una extraña afección que empieza a atacar a las personas. Pero lo que en principio parecen casos aislados, donde la carne se mezcla misteriosamente con la tecnología, termina convertido en una emergencia difícil de contener y que nadie puede entender –ni prever. Arrancado de la monotonía, el cronista sigue con la investigación mientras la irrupción de este fenómeno extraño alcanza a su entorno y altera todos los órdenes de la vida en la ciudad, al punto de que el propio protagonista no sabe si ha sido afectado.
Así escribe: Había soñado que no tenía piernas. Estaba rodeado por una neblina rojiza y no podía moverme. Eso fue todo lo que retuve cuando desperté. Más que nada, la sensación de impotencia. Quise contárselo a Dafne durante el desayuno, que era cuando por lo general me entusiasmaba con la posibilidad de lograr que ese día fuera distinto. Pero el optimismo duraba poco. Aunque me llenaba de ánimo que se prolongaran las conversaciones con Dafne porque en esos momentos entendía lo que nos unía, el peso de la rutina terminaba por aplastarme. Era como si todos los días eligiera encarar la misma batalla, aun conociendo el resultado. Salí al trabajo con los restos del sueño flotando en rojo y amarillo, un fondo que se imprimía detrás de mis ojos como una placa. Hice esfuerzos en la calle por recuperar más de aquella lucha sin piernas. Nada. Estaba atravesando la instancia en que las imágenes de la noche empezaban a esfumarse. Una vez que cruzara el umbral de la puerta del trabajo, ya no podría distinguir entre lo que había soñado y lo que mi imaginación estaba haciendo con esas piezas rotas.

NICOLÁS POGGI nació en la ciudad de La Plata en 1984. Es licenciado en Comunicación Social de la Universidad de La Plata (UNLP) y trabajó como periodista en medios como la Agencia Diarios y Noticias (DyN), A24.com y la Agencia Télam. “El día de los drones” es su primera novela.






$ 25000 / Relatos
Darle al pico, listo el pollo, la piel de judas, metele pata, como bola sin manija. Las voces de Alberto Fernández San Juan tienen un efecto que gatilla dentro nuestro, en lo profundo. Su narrativa transmite contenido, -subjetivo, social, existencial- pero también establece contacto con el lector por la cadencia interna de su prosa, por esa manera reconocida en que hablan sus personajes, que es única y a la vez universal. Sus maneras pintan en nuestra mente una familia, un barrio, maneras de vivir y de ver el mundo; irradian sentido y nos transportan a un zaguán o a un porche, a una plaza o a una iglesia, una oficina, un tren o un tranvía.

Los lugares en estas historias son cercanos: familias en sus casas, en ese barrio o pueblo chico. Pero como toda buena literatura, lo que sucede dentro aparece vagamente ladeado e incorrecto. El drama de la vida, tratado con impertinencia y desfachatez, hace que estos cuentos nos interpelen. Alberto Fernández San Juan subvierte lo cotidiano volviéndolo inquietante y extraordinario. Entonces una madre abandona a sus hijos; las viejas son decrépitas y los chicos impertinentes. Claro que esa hilaridad sardónica -con aires de Copi, Manuel Puig, Aurora Venturini- encubre una visión seria de las cosas, donde lo más humillante y espantoso está, pero sin que nos demos cuenta.

Como ese trago amargo y vivificante al mismo tiempo, estos cuentos, reconfortan y nos vuelve más empáticos con la tragedia del mundo.

Laura Galarza
Así escribe: "Desde las mesas vecinas, parecen turnarse algunas de mis viejas compañeras de curso para venir a saludarme. Vienen cargando algún bebé, o con chicos a la rastra. Me dicen dos pavadas y se vuelven a su mesa enseguida. Las tres marías ya tienen organizada su mesa como un clan familiar autónomo. Cuando me estoy convenciendo de que armaron esta mesa para mí sola, veo que se aproximan Coca y Graciela, vestidas casi iguales, sobrias, sin colores estridentes, apenas maquilladas. Parecen contentas de verme. No bien se sientan, empiezan a hacerme preguntas que me descolocan: si me casé, si me separé, si tengo novio, si tengo hijos, si me gusta alguien de la fiesta. El interrogatorio de “Revista Hola” se interrumpe cuando, siempre torpe, se abalanza sobre la mesa Guillito, el traga del curso. Habla hasta por los codos; no se le entiende nada. Las chicas aprovechan para hacerle el cuestionario amoroso. Quedan dos sillas vacías. Cuando el animador da la orden de sentarse, estas se ocupan. Una de las recién llegadas es Marcela. A la otra no la reconozco enseguida. Cuando me saluda con apatía, me doy cuenta de que es la que llegó en quinto año. Marcela está tal como la recuerdo: enérgica, suave, lejana. Me saluda como si apenas me conociera. Pensar que éramos inseparables las tres, hasta que Silvana y yo nos fuimos a estudiar... " / ALBERTO FERNÁNDEZ SAN JUAN es escritor, actor, dramaturgo y director teatral. Obtuvo la Beca Familia Podestá en 1996. Como narrador, se formó con Sandra Russo, Guillermo Saccomanno y Hebe Uhart. Publicó "Mal llevados" (Paradiso, relatos, 2019) y "Más vale una oración que una lágrima" (Paradiso, novela, 2022). Como dramaturgo es autor de "Lunamante", "Garras de seda" y "Buenas y Santas". Participó de las antologías "Letras desde el encierro" de PEN Internacional Puerto Rico y "Así vivimos", de PEN autores latinoamericanos.






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