Los domingos voy a caminar con mi hijo. Charlamos, hacemos chistes, me da consejos que escucho entre risas. Sé que cuando llegue a mi edad se va a dar cuenta de tantas cosas que le digo. ¡Y estas caminatas quedarán en su memoria..!
Aquel día hablábamos de mil escenas de su infancia, mientras pasábamos por la plaza, entre niños que jugaban, gente haciendo gimnasia, parejas. Entonces vimos a alguien que llevaba dos galgos.
—Qué feos son los galgos, tan flacos y tan largos —comentó él.
Me sorprendió y le respondí sin pensarlo:
—En un momento de tu niñez nosotros también tuvimos un galgo… qué raro que me digas eso, ¿no te acordás?
Me miró como si estuviera frente a una demente:
—Mamá, nosotros nunca tuvimos un galgo.
Y enseguida sacó el celular. Abrió el chat familiar y escribió: “¿Alguna se acuerda del galgo gris que dice mamá que tuvimos?”
Las respuestas llegaron con carcajadas virtuales:
“¿Un galgo? Jajaja, jamás.”
“Mamá inventando novelas.”
“Lo soñaste, má.” Ellos reían entre emojis y bromas. Yo los miraba, con una mezcla de fastidio y ternura.
—Sí —repetí—, lo recuerdo bien. Era gris, cachorro, con ese hocico finito y las patas largas. Me dio pena tenerlo en el departamento, un animal así necesitaba correr. Estuvo con nosotros unos meses y se lo regalé a alguien con campo.
Mi hijo me observaba incrédulo, pensando si ya tenia demencia senil.
Recordaba todos los perros que pasaron por casa, con sus nombres, el color de sus pelos, sus manías. Recordaba también a las dos tortugas, al gato, al hámster, a los peces , los dos sapos gigantes … hasta las lagartijas que aparecían en el patio. Pero no había ningún galgo en su memoria.
Yo, en cambio, lo veo nítido todavía. Dormido enroscado como un ovillo, el repiqueteo de sus uñas finas en el piso, sus ojos dulces y atentos. Lo veo apoyando la cabeza en mis rodillas, frágil y lleno de una energía contenida que no tenía dónde desplegar.
Cuando tenes un recuerdo tan fuerte y tan vivido, y los demás te dicen que no existió, comenzas a dudar de ti mismo.
¿Lo habré imaginado?
¿Estaré loca? Puede ser. Pero que se rían si quieren.
En mis recuerdos todavía corre un galgo gris, y eso basta para saber que existió.
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