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Blog de escritores

Notas, cuentos, entrevistas, crítica y conversación literaria desde una editorial argentina independiente.

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Imagen de la publicación: Tetas, putas y un hueco profundo que nadie puede llenar; o, notas para una teoría provisoria sobre la abundancia, la sustitución y otras formas discretas del vacío.

Tetas, putas y un hueco profundo que nadie puede llenar; o, notas para una teoría provisoria sobre la abundancia, la sustitución y otras formas discretas del vacío.

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Anoche —conviene aclarar, si no por precisión por higiene mental, que “anoche” ya no funciona como marcador temporal sino como un estado extendido donde la experiencia de leer, de vagar por textos y de no elegir del todo se vuelve el equivalente contemporáneo de caminar sin rumbo— me encontré orbitando a Henry Miller, no leyéndolo…
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Imagen de la publicación: TALLER DE RESTAURACIÓN Lorena Hidalgo Y el teléfono que no para de sonar. Dos mensajes de Pablo, un…
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TALLER DE RESTAURACIÓN
Lorena Hidalgo

Y el teléfono que no para de sonar. Dos mensajes de Pablo, uno de su suegra y al menos ocho del chat de mamis del colegio. Demasiadas cosas para solucionar, tan poco tiempo. Amanda respira profundo.

Contesta los mensajes del teléfono y baja del auto. La dirección que le pasaron coincide con los números en la pared, pero algo la hace dudar: el lugar no parece un taller, sino más bien una vivienda familiar. Busca un timbre inexistente, golpea las manos. Espera una fracción de segundo y pega la vuelta. Vuelvo otro día, piensa. Sale un hombre —no mayor que ella—, inclina la cabeza para
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Imagen de la publicación: DOS OJOS QUIETOS Federico Vilar Fue durante el último verano, antes de graduarse. Había llegado a l…
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DOS OJOS QUIETOS
Federico Vilar

Fue durante el último verano, antes de graduarse. Había llegado a la estancia para las fiestas y se iba a quedar unos meses. Tenía que preparar exámenes, pasar tiempo con los abuelos y decidir algunas reformas en el campo.

A los pocos días, se quedó solo: su padre se fue con los troperos hasta otra estancia, a varios kilómetros. Tardaría en volver. Lo único que le quedaba era concentrarse en los apuntes y prepararles la comida a los abuelos, que no salían de la habitación; charlar con el encargado; o fumar hasta muy tarde, con una copa en la mano, escuchando al mayordomo. En una de esas charlas, se enteró de
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