En una suave piedra tallaron lo que no se escribe se vuelve caníbal. El poeta escribe para no ser devorado o, al menos, para que lo no dicho no se coma aquello que se recuerda. Un poemario también guarda silencios, incómodos a veces, otros necesarios, como si se tratara de una antigua lata de té que solo una madre puede transformar en cofre del tesoro o costurero. Entre los puntiagudos alfileres y los surtidos botones de colores, conmueve la delicadeza de tantos versos enredados entre los hilos. Quizá las manos
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Sed de ojal
Pedro Santos Deluca
Poesía
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