Bestias
Tres jóvenes viajan de noche por rutas secundarias, estaciones de servicio y pueblos sin nombre. Huyen del sol, del pasado y de algo que todavía no terminan de entender: los cambios que el proyecto Útero, un experimento biotecnológico de la empresa Pharnatura, ha dejado en sus cuerpos.
Elena, Rocío y Lourdes fueron elegidas para una transformación que prometía futuro, dinero y una forma nueva de existir. Lo que recibieron, en cambio, fue otra cosa: una biología alterada, impulsos que ya no controlan, lagunas de memoria, hambre, violencia y una percepción cada vez más extraña del mundo.
Mientras avanzan hacia un supuesto laboratorio de monitoreo, el viaje se vuelve una deriva tísica y moral en la que también afloran viejas lealtades, culpas compartidas y una amistad sostenida por el deseo, el rencor y el espanto.
¡Bestias! no propone una épica de monstruos ni una distopía tecnológica cerrada, sino una novela de cuerpos al límite. Con una escritura intensa, por momentos feroz y por momentos alucinada, explora la mutación como experiencia íntima, social y política: qué queda de una identidad cuando el cuerpo cambia, cuando la memoria se resquebraja y cuando la juventud ya no puede prometer redención.
Una novela sobre la carne, el miedo y la amistad, donde lo monstruoso no aparece como excepción, sino como una forma posible —y brutal— de estar en el mundo.
Así escribe:
Las vibraciones llegan como latidos frágiles y acuosos y chocan
con el cuerpo sumergido de Elena. El sonido, que parece venir de un
corazón invisible y malsano, se propaga por el interior de la cápsula
hasta desaparecer por completo. Siempre está la presencia atronadora
de los latidos. El resto es un conjunto de momentos entrecortados,
iluminados por una luz blanca cegadora que inunda todos los rincones.
En cada destello, Elena se encuentra preguntando por sus amigas.
Siempre. Llegan esos latidos, ahora, dentro del cubículo del baño,
en ondas que ascienden al cielo y se disuelven en la noche. Elena
abre los ojos y ve el vómito violeta en el inodoro. Un sabor amargo
le recorre el paladar: vino barato, en exceso. La puerta del baño se
abre y deja pasar la música invasiva del bar. Escucha voces humanas
distorsionadas y unos pasos que avanzan y luego se detienen. El
estómago gruñe, larga un ruido agudo para comunicar su malestar.
Elena no siente dolor, pero tiene la sensación de que algo pesado que
anida en el pecho espera impaciente por escapar. El abdomen se tensa,
la respiración se entrecorta y el líquido avanza para salir expulsado por
la boca. Una baba roja y pegajosa sale con la consistencia de la miel
y cubre la mancha violácea de vino. La boca queda contaminada por
un sabor a plástico. Mueve la lengua para buscar más información. Es
un sabor a plástico quemado, como si hubiera masticado un muñeco
carbonizado. No entiende qué pasa. El cuerpo sufre cambios, eso le
dijeron.
GONZALO ZANINI nació en Córdoba, en 1995. Es licenciado en Comunicación social, trabajó muchos años como librero y actualmente se desempeña como becario de CONICET. Coordina talleres de escritura y literatura. "¡Bestias!" es su primera novela.
GONZALO ZANINI nació en Córdoba, en 1995. Es licenciado en Comunicación social, trabajó muchos años como librero y actualmente se desempeña como becario de CONICET. Coordina talleres de escritura y literatura. "¡Bestias!" es su primera novela.
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