El acampe
El relato se despliega como una expedición al vacío; la proximidad del abismo es, en realidad, el desierto que la literatura imaginó en el pasado.
Así, entre la amenaza de los indios y la obsesión por escapar de un presente donde acecha la pandemia, el acampe sucede en la ebullición del lenguaje; entre el humor irónico, las marcas de la cultura popular o del fraseo cotidiano. El texto construye un sentido que lo envuelve: el campamento no progresa, se ensimisma, detiene su historia para ser un presidio sin murallas, como el desierto que imaginaron los tártaros de Buzzati.
La novela de Mario Capasso se deja leer como citra de la espera. La caravana pone en tensión a la civilización y a la barbarie desde la quietud de su desesperanza. Como en el mañana que no llega de Zama, otra vez la literatura interroga los fosos del tiempo y los espacios desiertos, donde palpita, solo, el lenguaje. Sergio Gustavo Colautti
Así escribe:
Observada en lontananza desde el exclusivo punto de vista de Artemio,
a la sazón subido a un cajón de verdulería de barrio pobre, la llanura daba
de lleno contra la visión del único observador en funciones: un típico caso
de personaje curioso que, sin posibilidades ciertas de poder avistar una
empalizada, despojado de otros intereses telúricos, se alzaba contra la
resolana a fin de ver a ojo de buen cubero lo más lejos posible, sin ninguna
garantía de acertar con un rumbo capaz de ponerle buena onda y potencia
a la gran marcha de la caravana ahora obstaculizada en su trayectoria, una
caravana condenada a detención perpetua o, quizás, a punto de reiniciar su
avance de un momento a otro; eso aún estaba por verse.
Mientras tanto, vestido a base de una pobreza franciscana, bien dispuesto
a satisfacer su actual papel de caudillo escudriñador de esa tierra incomparable,
ubicado —como se suele decir— al pie del cañón, a medias recompensado por
su acceso visual a la grandeza de una perspectiva panorámica casi única en su
género, Artemio, portador compulsivo de un diagnóstico incierto, viéndose
en figurillas a raíz de la gestión tal vez pasajera aunque bastante intempestiva
del nervio ciático, al carecer de motivos ciertos para sufrir de claustrofobia,
libre del deber de analizar otra disyuntiva, valiéndose de su reconocida técnica
personal, se complacía en disfrutar de las bondades propias del aire libre, del
paisaje bucólico y del clima templado, y de paso verificaba la existencia de
una dificultad muy grande y por demás intrincada, tal vez similar a la que el
mismo infinito le podría ofrecer, llegado el caso.
MARIO CAPASSOnació el 9 de Marzo de 1953, en Villa Martelli, localidad del Gran Buenos Aires en la que continúa residiendo. Se ha formado en los talleres literarios de Beatriz Isoldi, Nilda Adaro, Federico Jeanmaire y Luciana De Mello. Ha publicado ocho libros, entre cuentos y novelas. La novela El Edificio y el libro de cuentos Piedras heridas han sido traducidos y publicados en Francia por Editions La Dernière Goutte. Dos de sus publicaciones fueron premiadas por el Fondo Nacional de las Artes. Ha escrito varias novelas que permanecen inéditas. Fallece el 4 de marzo de 2026.
MARIO CAPASSOnació el 9 de Marzo de 1953, en Villa Martelli, localidad del Gran Buenos Aires en la que continúa residiendo. Se ha formado en los talleres literarios de Beatriz Isoldi, Nilda Adaro, Federico Jeanmaire y Luciana De Mello. Ha publicado ocho libros, entre cuentos y novelas. La novela El Edificio y el libro de cuentos Piedras heridas han sido traducidos y publicados en Francia por Editions La Dernière Goutte. Dos de sus publicaciones fueron premiadas por el Fondo Nacional de las Artes. Ha escrito varias novelas que permanecen inéditas. Fallece el 4 de marzo de 2026.
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