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Pepa Ojeda 15/10/2026 · 22:43

La Mirada del Café. El Orden de las Cosas

“A mí me gustan los caminos curvos.”
— Jesús Lizano

Seis y media clavadas —lo sé por las campanadas de la iglesia, porque en el pueblo, el reloj es la iglesia o no es nada—.
Estaba en la cafetería, frente a la plaza. Todavía no había terminado el primer sorbo cuando vi, justo frente a mí, “La Burrisenda”. La burrisenda está ahí. Plantada. Marcando la calle que rodea la plaza como si fuera una idea municipal que alguien tomó en serio alguna vez. Un cartel de madera, clavado a pique en la tierra clara, dice: “Burrisenda”, con letras pintadas y ninguna ironía. Árboles ralos, sombra corta, bancos, tierra, sol. Nada corre si no hace falta.
La Burrisenda, aunque, dicho como corresponde, habría que decirla con esa "erre" que se arrastra contra el paladar, bien masticada, bien de acá: Buyyisenda, bien chunco.
Una larga senda
Ahí va el Mica, abrazado a su burro, como quien abraza una certeza. Arriba del animal, montada con una solemnidad que no le entra en el cuerpo, una gringita de no más de tres añitos; seria, concentrada, mirando el mundo, como si este fuera apenas una vereda larga. El Rucio avanza con una paciencia tan ancestral que da la impresión de que el tiempo también fuese de alquiler. Y claro, como manda la tradición no escrita, el perro va al lado. Ni adelante ni atrás. Al lado. Con ese trote cansino de quien ya vio todo y no se sorprende por nada.
Entonces, sin nada de angurria por no querer llegar primero, el Peyyo levanta la cabeza, mira la escena y grita, fuerte, con esa tonada que le hace vibrar la garganta y para que lo escuche todo el pueblo:
—¿Pa’ cuándo la “Perrisenda”?
Nadie se ríe de inmediato. Porque en los pueblos las cosas importantes, de primero, se respetan. Después, recién después, se entienden.
1 respuesta
Jer15/10/2026 · 22:47
Me encantó, gracias por compartir.