Seguí explorando Diotima

Blog de Ediciones Diotima

Nuestra comunidad escucha y comparte. Este blog es para que muestres tu creatividad, tu sensibilidad en la observación del mundo y tus ideas. Aceptamos cuentos y ensayo siempre que no superen las 3000 palabras. Animate. Lo estamos esperando.

Enviar ahora mi texto al blog
Imagen de la publicación: Mirta y Luis Por Omar Asán No bien salí, la llovizna golpeó mi cara. A los pocos pasos pensé qué co…
Mirta y Luis
Por Omar Asán

No bien salí, la llovizna golpeó mi cara. A los pocos pasos pensé qué comería esa noche y se me impuso la idea y la imagen del viejo chorreando muzzarela, babeándose en la pizzería del suburbio. Mientras pensaba en eso me encaminé al Subte. Igual trayecto, día tras día, atravieso las calles conocidas y al llegar a la Plaza Almagro, por primera vez, recapacito en el altar de la Virgen de Itatí que observa la Seguir leyendo
Imagen de la publicación: Tema del héroe Luis Benítez I. Veo al héroe dormido a dos kilómetros de la redonda ciudadela. Dentr…
Tema del héroe
Luis Benítez

I.

Veo al héroe dormido a dos kilómetros de la redonda ciudadela. Dentro de ésta las mujeres especulan sobre la belleza del héroe y los hombres, temerosos unos, los otros desdeñosos, están inquietos por la necesidad de salir al campo, antes de la tarde, a recoger el ganado.

El héroe apoya las anchas espaldas en una palmera flexible, contra un rígido algarrobo, reposa extendido sobre la hierba. Cada tanto espanta de sí los insectos, para él lo Feroz, con la mano infinita de los sonámbulos, que nada aferran y en la nada duermen. En el sueño la mano tiene una clava mortífera; en ese mediodía, una cicatriz Seguir leyendo
Imagen de la publicación: LAS COSAS BONITAS Y LOS SERES DE ESTE MUNDO Graciela Scarlatto El cacareo aumenta. Don Fernández se…
LAS COSAS BONITAS Y LOS SERES DE ESTE MUNDO
Graciela Scarlatto

El cacareo aumenta. Don Fernández se hunde en la lluvia y la noche se lo traga junto al gallinero. Desde la puerta, los demás no ven nada. Solo presienten las manos en la oscuridad. Con los nervios de punta, don Fernández tantea los cogotes emplumados, los dedos rojos de picotazos. Chapotea en el guano. Desde la puerta del patio, Alfredo, como lugarteniente, espera.

–Dele, don Fernandez, que se viene piedra.
–¿Qué hace? ¿A vos te parece, esta locura? –dice Berta.
–No. Tu padre está viejo... –disculpa Alfredo, para apaciguar.

La tragedia, sin embargo, ya está instalada en la casa. Ella no oculta el ataque de furia. El venidero guano en los zapatos del viejo empieza a desatar en su cabeza un rayo de odio. Está preocupada por las baldosas pulidas, incluso trapeadas hace apenas un rato, después de cenar. Un trueno descarga una bomba en la noche y rebota en el techo a dos Seguir leyendo