Desde hace mucho busco decir lo que no quiero escuchar, hace tiempo que persigo una charla a la luz oscura donde darme las hostias para seguir, llevo años caminando en la espera, buscando un espacio que admita mi propia dictadura emocional. Donde grite, fuerte y sin miedo, que toda mi ceguera disfruta del callejón sin salida donde besos fueron aves mutiladas intentando volar sobre un hastío de sueños rotos.
¡Sí! En definitiva busco un lugar para exponer esta parte de mí que no quiero ver, este tablero donde juega el patético acróbata que usa la palabra amor como trampolín en el abismo, un prófugo que ha pasado los últimos ocho años escapando de sí mismo, un infame personaje arrastrado por la corriente donde se ahogan infinitas veces los amantes, un círculo de cuervos y quimeras donde busqué libertad, un ridículo...