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Blog de escritores

Notas, cuentos, entrevistas, crítica y conversación literaria desde una editorial argentina independiente.

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Imagen de la publicación: La piedra cero

La piedra cero

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Desde hace mucho busco decir lo que no quiero escuchar, hace tiempo que persigo una charla a la luz oscura donde darme las hostias para seguir, llevo años caminando en la espera, buscando un espacio que admita mi propia dictadura emocional. Donde grite, fuerte y sin miedo, que toda mi ceguera disfruta del callejón sin salida donde besos fueron aves mutiladas intentando volar sobre un hastío de sueños rotos. ¡Sí! En definitiva busco un lugar para exponer esta parte de mí que no quiero ver, este tablero donde juega el patético acróbata que usa la palabra amor como trampolín en el abismo, un prófugo que ha pasado los últimos ocho años escapando de sí mismo, un infame personaje arrastrado por la corriente donde se ahogan infinitas veces los amantes, un círculo de cuervos y quimeras donde busqué libertad, un ridículo...
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Imagen de la publicación: La guerra

La guerra

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 Te estás yendo, parece. Te veo respirar con dificultad. Sin embargo, de tanto en tanto, oigo todavía estruendos lejanos: son tus débiles latidos, cada vez más espaciados, que saben que se apagarán pronto. Sí, lo saben y aun así insisten, obstinados, en llevarse a algún inocente más de este mundo.

   Te estás yendo, es evidente. Huelo tu agonía. Este nuevo abril que ha llegado te llevará con él. Eso es, te desafío, maldita: ¡No pasarás de abril! ¡No! ¡En mayo serás un cadáver! ¿Querrá alguien darte sepultura?

   Te estás yendo, claro. Deberíamos estar felices, nos dicen algunos. Tal vez sea nuestro deber intentarlo. Aunque, ¿no es ese un fardo demasiado pesado para portarlo sobre nuestras espaldas? ¿No es hoy, acaso, una cruel obscenidad imaginar, siquiera por un instante, un sentimiento semejante? ¿No hemos sido, ya, llevados más allá del límite? ¿No nos han despojado de todo, como para que, encima, se nos pida que volvamos a sonreír?
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Imagen de la publicación: Un barrio helado en el sur

Un barrio helado en el sur

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Mariela y Luis ven la tele en el living. Luis corta la pizza mientras Mariela mira la biblioteca; la mira y piensa en su padre, no porque fuera un lector, sino porque su padre está detrás de la vitrina: digamos, está literalmente en la biblioteca. Las cenizas están en una urna detrás de la vitrina. Mariela no le da importancia a la película habitualmente pochoclera, del tipo A y B están enfrentados, A es bueno y B es malo. La suerte parece inclinarse a B, pero A gana la pelea final mientras lo aplaude una multitud. En este momento, mientras Luis le pasa un plato con un triángulo de pizza, se plantea en la peli el carácter de los personajes. Mariela mastica pensando en su papá. No fue un padre bueno, ni mucho menos, pero Mariela quiere enfocarse, cuando piensa en él, en las partes amables de la historia: los patines que le regaló, la bici a los ocho años. Su papá discutía todo el tiempo con su mamá. Estaba en esos pensamientos, terminando el segundo triángulo, cuando la multitud estalla en un aplauso y Luis se levanta a tirar la caja de pizza. La pone en una bolsa de consorcio con la basura de la cocina y va a dejarla en el contenedor de la vereda. Ella dice "tené cuidado, mirá para todas partes" y apaga una a una las luces de la casa. Con la sala a oscuras, mientras se cepilla los dientes, ve la boca del pasillo desde la puerta abierta del baño. Algo se mueve en la oscuridad. No quiere ver. Mariela no mira el pasillo, se cepilla sin mirar la silueta que se mueve en la
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